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Lo Indefendible

Han llamado gordo a Morante de la Puebla, torero no normativo

«Ningún ministerio propuso una campaña en la que se representara toreros con cuerpos no normativos»

Han llamado gordo a Morante de la Puebla, torero no normativo

El torero Morante de la Puebla. | Europa Press

A Morante de la Puebla le han gritado «¡Estás muy gordo!» mientras toreaba en Bilbao y no han aparecido por ninguna parte los vigilantes de la gordofobia. ¿Dónde están Errejón e Irene Montero cuando se les necesita? El torero sevillano se debió ofender y muestra de ello es que se fue a por la espada para abreviar la faena y llevaba un cabreo monumental. La escena no les pareció mal en el Ministerio de Igualdad pues no emitieron ninguna nota en protesta porque se utilizara el físico de una persona para ofenderla y relativizaran la obesidad, que es un verdadero problema de salud pública. No concluyeron como otras veces que el público de la Semana Grande de Bilbao estuviera ejerciendo violencia estética contra una persona por sus medidas, ni que los toreros estuvieran estableciendo un estándar de cuerpos masculinos del que quedamos excluidos la mayoría de los hombres. No han creído necesario que haya que abrir un debate en este país acerca de si el traje de luces cosifica al matador, lo convierte en un objeto sexual, estandariza tallas que la mayoría de los hombres no podemos vestir -sin contar con su demostración genital de poder-, y si es hora de avanzar como sociedad y que los matadores vistieran con gasas o acaso ropa más holgadas. Si hubiera corridas de toreros de tallas grandes, como en los desfiles. Ningún ministerio propuso una campaña en la que se representara toreros con cuerpos no normativos como aquellas mozas de la playa. 

Los toreros no merecen su defensa. Morante es un torero no normativo en todas sus facetas, en su tauromaquia, en su manera de vestir y quizás tenga algún kilo de más que sus compañeros, o es que sus compañeros tienen alguno de menos. Yo que estoy más gordo, veo delgado a Morante, claro. En todo caso, es de esperar que el público mantenga la mínima educación y se comporte en los toros y en otras partes. La buena noticia es que aquí y en la gota que colmó el beso de Rubiales, estamos redescubriendo los modales, normas de conducta con los que una persona se conduce de una manera considerada correcta y guarda unas formas acordadas por la comunidad como muestra de respeto hacia el otro. Los modales impiden que los presidentes de las federaciones se agarren la bartularia en los palcos, den abrazos ni besos en la boca a las personas que están por debajo en la escala jerárquica. 

«Si uno se fija, la sola apelación a la corrección parecía imposible anteayer, pero aquí estamos»

Esto lo está descubriendo la izquierda después de un tiempo en el que las normas de educación eran consideradas una herramienta de alienación de los grupos de poder en su constante intento opresor de los de abajo. Para liberarse de ellas, se dibujaba un ideal performativo en las que las mujeres orinaban en la calle para protestar por algo, se manchaban el vientre con sangre ficticia y entraban en las iglesias con las tetas al aire gritando «Arderéis como en el 36». Recuerdo que se aplaudía que la gente anduviera en pelotas por la Bahía de la Concha. Hay gente cayendo en la cuenta -y esto hay que celebrarlo- que la etiqueta no es una herramienta de distinción de clases, sino una manera de proteger a las personas de comportamientos incorrectos que pueden herir. Si uno se fija, la sola apelación a la corrección parecía imposible anteayer, pero aquí estamos.  Si todo este lío ha valido para que la gente se vuelva a dar la mano en las celebraciones, salude al público moviendo los brazos sobre la cabeza un poco como lo hacía Miguel Induráin y cese la ordinaria coreografía de bufandas en la cabeza, ‘lolololos’ y abrazos a los Reyes, el asunto de Rubiales habrá servido para algo. 

Pero yo venía a hablar de Morante, que siempre me sorprende, ahora al apuntarse al carro de los ofendidos. Un torero no debiera ofenderse nunca, pues representa una figura hercúlea que se respeta porque se juega la vida y sobre todo por su manera de mantenerse inalterable, inexpugnable como un semidios inalcanzable por las ofensas. La suya es una postura heroica que ha forjado una civilización entera de héroes, no de ofendiditos. Si en la sociedad, la tauromaquia se hace intolerable porque osa mirar a la muerte de frente, los toreros no se pueden mostrar heridos porque un tonto les grite que están gordos.

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